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Permiso de SER humano

¿Qué significa ser humano? Ser humano significa conectarnos con lo más profundo de nuestro ser, con esa esencia única que nos acompaña a lo largo de la vida. La experiencia de ser humano incluye sentimientos como el amor, la gratitud, la compasión y motivación; pero, también abarca el sentir temor, rabia, tristeza o desasosiego.

La experiencia de ser humano está compuesta de alegrías y tristezas, de sueños cumplidos y dificultades también; es la experiencia de la perfecta imperfección y un recorrido que nos enseña a encontrar el valor en los retos, en los fracasos y en las dificultades al igual que la satisfacción en los triunfos, las risas y la diversión.

Una de las lecciones más grandes que me ha enseñado el camino de la psicología positiva y la felicidad es que la vida humana en todo su esplendor es una vida de contrastes y cuya única constante es el cambio. La felicidad no es sinónimo de no sufrir o de tener una vida “perfecta”, lejos de ellos, la experiencia de la felicidad esta ligada a la experiencia humana en su totalidad cuando logramos abrazarla en los momentos positivos y en los negativos también.

Tal Ben Shahar, uno de los líderes en el campo de estudio de la felicidad, introduce un concepto esencial que nos permite reconectarnos con la experiencia de la vida en su totalidad, es el de “permiso para ser humanos.” Ligado a la perspectiva del bienestar emocional que propone que todas las emociones son legítimas y aceptables.

Puede que a medida que pasa la vida empecemos a negarnos o resistir ciertas situaciones o emociones. Por ejemplo, puede que no queramos sentir tristeza o llorar y reprimamos esa necesidad en un momento determinado. Puede que no emprendamos proyectos maravillosos por el temor a fracasar. Puede que tildemos ciertas emociones como “buenas” y otras como “malas.” Como decía Gloda Meir:

“Aquellos que no saben llorar con todo su corazón tampoco saben reír.”

¿Cómo podemos empezar a cultivar el permiso de ser humano?

1. Libera el flujo de las emociones, positivas y negativas.

Podemos empezar por permitirnos sentir la totalidad de las emociones desde la aceptación la compasión. Al resistir una emoción lo único que logramos es intensificarla y el negaros a sentir nos desconecta de nuestro bienestar emocional, ya que al negar emociones negativas también nos cerramos a emociones positivas.

Empieza a observar tus emociones a lo largo del día, puedes tomar pausas de 5 minutos para responder a la pregunta ¿Cómo estoy en este momento realmente? y reflexionar sobre una hoja a cerca de las emociones o pensamientos presentes en ti. Si llegan emociones como la tristeza, nostalgia o incluso la rabia o envidia no las niegues, permítete observarlas y aceptarlas. Ahora bien, sentir la emoción no quiere decir que vamos a reaccionar de acuerdo con ella, podemos responder de una manera consciente y saludable hacia nosotros mismos y los demás.

Lo importante es empezar a desarrollar una consciencia emocional basada en la empatía, la aceptación y en la idea que no hay emociones buenas o malas y todas ellas son legítimas y validas.

2. Nada es perfecto, y eso está bien.

Puede que a veces caigamos en la falsa idea de que debemos estar bien todo el tiempo, o queramos brindar una imagen de perfección. La perfección es una ilusión, los errores son una parte esencial de la vida que nos permiten aprender y crecer. No vamos a estar bien todo el tiempo pues somos seres cambiantes y cada día trae consigo una serie de experiencias y emociones que nos van esculpiendo y transformando.

Podemos más bien buscar la excelencia, que procura brindar lo mejor de uno mismo a nivel integral. Podemos procurar construir nuestra mejor versión desde la autenticidad y el amor y llevarla a nuestras relaciones, al trabajo y especialmente hacia nosotros mismos.

Piensa en todo lo que has aprendido de tus errores, haz una lista de aprendizajes y ahora reflexiona sobre cómo estos te han ayudado o pueden ayudarte a ser tu mejor versión.

3. Podemos aprovechar las crisis

Los momentos difíciles, las perdidas y la adversidad son una parte fundamental de la vida. No deseamos tenerlos ni los vemos como algo bueno, pero lo cierto que es que esas situaciones son parte de cada vida humana y SI, podemos extraer cosas buenas de ellas.

Las crisis tienen el poder de ayudarnos a crecer, descubrir nuevas posibilidades y aspectos nuevos sobre nosotros mismos. Una crisis tiene el poder de renovar nuestras relaciones, generar un aprecio más grande por la vida e incluso de moldear nuestras creencias espirituales.

4. Coraje, el súper poder.

Abrazar la vida es como dar un salto al vacío, demanda de nosotros confianza y valentía. Necesitamos coraje para vivir la vida que anhelamos, y esto no quiere decir que no sintamos miedo; quiere decir que somos capaces de actuar a pesar del temor.

El coraje es el terreno de la vulnerabilidad, de vivir nuestra verdad y de reconocer que podemos construir la vida que queramos con la consciencia de que ésta no estará libre de dolor ni dificultad pero que vale la pena pues ha sido un ejercicio deliberado y no automático. El coraje nos permite vivir conscientemente y no simplemente sobrevivir.

Podemos reflexionar sobre aquellas cualidades auténticas que nos hacen únicos, sobre nuestros valores y cómo los estamos viviendo en el día a día. Podemos pensar en aquello que es realmente importante para nosotros y en cómo vivir de una manera más auténtica cada día.

Podemos empezar a darnos permiso de ser humano hoy desde las pequeñas acciones. Podemos escucharnos de una manera más profunda y compasiva, prestando atención a aquello que guardamos en nuestro corazón, pero no nos atrevemos a decir. Podemos contemplar las heridas del pasado que no hemos podido sanar y disponernos a sentir el dolor desde el amor. Podemos atrevernos a decir NO sin sentir remordimiento, pero podemos también decir Si a las aventuras y a los nuevos comienzos.

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