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Naturaleza: fuente de sabiduría y felicidad

Adopta los ritmos de la naturaleza, su secreto: la paciencia” (Ralph Waldo Emerson)

La naturaleza es fuente de vida, energía constante, y tiene mucho que enseñarnos sobre la sabiduría y la felicidad para procurarnos una vida plena.Es ella el sustento de todo lo que soporta nuestra existencia en este planeta, y aprender a conectarnos con ella, a respetarla y convivir tiene mucho que ver con cómo vivimos y con nuestros niveles de bienestar y felicidad.

Nuestra tierra está siempre en constante cambio y transformación, es también un lugar de contrastes e infinita riqueza; piensa en el día con el sol y la noche con la luna y estrellas; la lluvia y los rayos, las nubes en movimiento, el arcoíris y las estaciones.  Es maravilloso ver cómo después de un frío invierno en el cual un árbol tuvo que desprenderse de todas sus hojas y soportar los vientos helados y nevadas llega la primavera, y las nuevas hojas empiezan a crecer llenas de color. Es increíble observar cómo la naturaleza fluye con los cambios, los acepta, es paciente con ellos y al final es capaz de renacer y regenerarse.

Lo cierto es que nuestra propia vida humana es así, llena de cambios y transformaciones seamos conscientes de ellos o no. Muchas veces debemos a ser conscientes de que para que la vida florezca es necesario soltar, aceptar fluir con ella. Así como el árbol suelta sus hojas y se prepara para recibir un nuevo colorido, podemos hacerlo nosotros también con los cambios y situaciones que experimentamos a lo largo de la vida. Podemos aprender a ver la incertidumbre no como una amenaza sino como una oportunidad para renacer.

Nuestro planeta es diverso y alberga el regalo de la vida con miles de especies que lo habitan. La diversidad coexiste y esto hace que la experiencia del vivir sea divertida y única; esta riqueza también la podemos ver en los seres humanos pues todos somos únicos y nos demos cuenta o no, todos estamos conectados y coexistiendo juntos en la vida y en la tierra. Cuando aprendemos a apreciar la diversidad, no solo en lo físico, sino en las variadas ideas, puntos de vista, maneras de vivir y culturas es cuando logramos amar y cuidar de nuestro prójimo reconociéndolo como un par dentro de nuestra humanidad compartida.

¿Cómo podemos conectarnos más con la naturaleza? No solo la naturaleza nos puede enseñar a vivir mejor al observar y conocer sus ritmos y sabiduría, también nos puede ayudar a vivir mejor si nos conectamos a ella con frecuencia.

Uno de los ejercicios que más disfruto es el de poner los pies descalzos sobre el pasto o la arena. Sentir esa textura bajo las plantas y poder sentir como se mueve la vida debajo de esa superficie es una experiencia muy especial.Lo ideal es adaptar este ejercicio a nuestro estado de ánimo en ese momento, tal vez preferimos cerrar los ojos y llevar nuestra atención a las sensaciones en nuestros pies, a sentir cómo nos recargamos de energía y vida nueva. Tal vez preferimos dejar los ojos abiertos y respirar profundo observando la belleza yal flujo de vida a nuestro al rededor.

Otra de las prácticas que incluso podría ser considerada como meditativa es la de observar las nubes. Un ejercicio muy sencillo pero poderoso que tal vez hayamos llevado a cabo cuando éramos pequeños. Al elevar la mirada hacia arriba y contemplar el movimiento de una nube, el azul profundo del cielo, las formas que se van formando nos sentimos más conectados podemos cultivar nuestra capacidad de asombro, apreciación por la belleza e imaginación.

Los árboles son asombrosos, empiezan como una semilla y van creciendo a lo largo de varios años o milenios hasta adquirir un tamaño imponente. Cultivan sus raíces nutriéndolas y fortaleciéndolas y su corteza y tronco resisten el paso del tiempo y las condiciones climáticas. Abrazar un árbol es definitivamente una practica especial, al poner las manos sobre su tronco y cerrar los ojos es posible sentir como ese ser vivo vibra en armonía contigo, recarga la energía y renueva la tranquilidad.

La naturaleza también nos invita a ser curiosos y observar el mundo como si fuera la primera vez todos los días. Déjate sorprender por lo simple, por un pájaro cantando en la mañana, por una mariposa en el camino, por una flor y sus colores o por un arcoíris que llega un día inesperado.

El momento es ahora.

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